Adlet, el hijo del tabernero

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Adlet, el hijo del tabernero
« en: Julio 01, 2017, 18:40:58 pm »
-¡Maldita sea, Adlet, ya has vuelto a espantarlo!-

Era el quinto capón que recibía en lo que iba de mañana. Mis dedos se movieron solos por las cuerdas de mi querido laúd. La música... El arte… La belleza... Todo unido y concentrado había acudido a mi cabeza en forma de rima acompañada con un acorde la mar de apropiado... ¡Me habían llamado! No podía evitarlo...

-¡¡Te he dicho un millón de veces que un laúd no está hecho para ir de caza. Además, por aquí no hay mucho para cazar, así que si encima vas haciendo un ruido tan escandaloso no vamos a poder servir nada a la hora de comer!!

Me fijé en cómo se le enrojeció de rabia la cara a mi padre. Normalmente era un hombre tranquilo pero se encontraba bajo mucha presión en los últimos días. El ataque de los hombres-rata al poblado había echado a perder todas las reservas de comida que tenía para la taberna y no veía un buen futuro para su negocio.

- Pero vamos padre no se enfade
  pues aunque escasa sea la caza
  yo preparo un buen pan de hogaza
  y además...

-¡¡Que no me hables en verso, maldición!! ¡¡Sabes que lo odio!! - El grito retumbó por todo el bosque. Una bandada de pájaros salió despavorida de la copa de un árbol... Y yo fui víctima de otro de los certeros capones de mi padre.
-Lo siento, padre... - Dije agachando la mirada hacia el suelo, no por remordimiento, si no porque sabía qué era lo que tenía que hacer en ese momento para no salir perjudicado.

-¿Cuándo vas a madurar, muchacho? ¿Cuándo vas a poner los pies en la tierra y a sacar esas fantasías de tu cabeza? ¡Deja ya esa tontería de la música y compórtate como un adulto! - Hizo una pequeña pausa para intentar calmarse pero continuaba encendido por la notable ira que mostraba.

-¿Qué futuro crees que vas a tener con esas majaderías? Princesas en apuros, valiente y nobles caballeros, luchas por el honor y la gloria... ¡Eso no son más que pantomimas! ¡Si continúas con esas chorradas lo único que te podrás llevar a la boca será ese estúpido laúd!-
-¡No hables así del laúd de mi madre!-
-¡¡¡NI SE TE OCURRA MENCIONAR A TU MADRE, MUCHACHO!!!-

Vi como se le hinchó una vena en la frente, tanto que parecía que iba a explotar. Mi padre apretaba los puños con fuerza y le temblaba todo el cuerpo de rabia. Tras unos segundos de silencio en los que parecía que se le iban a saltar los ojos de sus cuencas, respiró varias veces y se calmó.

-No vuelvas a mencionar a tu madre- Me dijo con serenidad y una expresión dura en el rostro mientras me clavaba una gélida mirada, tan gélida que parecía que me había congelado, pues no conseguí mover ni un sólo músculo para responder.

Así terminó la conversación. Se dio la vuelta y echó a andar. Yo me quedé ahí plantado, en medio del bosque, temblando de miedo por la que se me venía encima...